LA ESQUINA JOCOSA

MANIFESTACIÓN CONTRA LOS RECORTES EN CIUDAD REAL

Con cuatro manifestantes

caminando en procesión

quieren causar sensación

en las fuerzas gobernantes.

Haberlo pensado antes,

cuando fuimos a votar,

porque ahora, protestar

después que no se ha ganado,

es llorar sobre el ahorcado

al que llevamos a ahorcar.

TANTA PAZ LLEVES COMO DESCANSO DEJAS

LA SALIDA Y LA GLORIA

El treinta y uno de agosto.

Todo será el treinta y uno de agosto.

Los relojes se abrirán en abrazos

el treinta y uno de agosto.

La risa retozará por los labios

el treinta y uno de agosto.

El olivo acogerá brotes nuevos

el treinta y uno de agosto.

La sombra se encerrará en un museo

el treinta y uno de agosto.

Recordará la palabra su vuelo

el treinta y uno de agosto.

y los niños oirán las campanas

el treinta y uno de agosto.

El sol lavará las viejas paredes

el treinta y uno de agosto.

Alba y ocaso serán dos palomas

el treinta y uno de agosto.

Las puertas tendrán perfil perfumado

el treinta y uno de agosto.

Vendrán niños con recortes de prensa

el treinta y uno de agosto.

Por el pueblo la semilla y la vida

el treinta y uno de agosto.

El triste sueño que hundió las almohadas

el treinta y uno de agosto.

Las firmas, la cruz, la sangre dormida

el treinta y uno de agosto.

ceniza serán, recuerdos mojados.

el treinta y uno de agosto.

Por el aire remarán los recuerdos

el treinta y uno de agosto.

y el olvido será un río sin cauce

el treinta y uno de agosto.

La piedra demolerá sus estatuas

el treinta y uno de agosto.

Y las virinas tendrán reja dura

el treinta y uno de agosto.

¡ Ay, qué esperado momento de agosto

ay qué cadenas de tormento abolidas

qué soles pasearán por el mundo

ese día, treinta y uno de agosto!

Otra más:

Yo escribo doña Clara, pero cada cual puede poner lo que quiere; seguro que siempre conoceremos a alguno de estos tipos, hombres y mujeres, que miden para sí por la parte ancha del embudo y por la estrecha para los demás.  A disfrutar.

A las clases que imparte doña Clara

asisten de continuo don Ocaso,

Nifú Nifá, don Ruy Señor, Nicaso,

Nisí Nino, Tal Vez y Doy Lavara.

A todos con sus notas les dispara,

y si topara con algún fracaso

de Zumosol al primo ajusta el paso

para que ofrezca el culo y aun la cara.

La que no gozó nunca imparte ahora;

todo le sobra cuanto falta a todos

y pasa disfrutando su docencia

clase que no conoce y tanto ignora,

con permiso oficial y hasta los codos

en lodazal sumida de indecencia. 

 

Y ahora una de mitología local,

 

 

LOS DOS DIOSES 

Dos dioses, en Ciudad Leal,

 

han montado el campamento

 

e imponen su mandamiento

 

por su bien y por mi mal.

 

Se llama Baco el primero,

 

dios de las uvas y el vino,

 

quien tras un largo camino

 

recorriendo el mundo entero,

 

no halló solar más propicio

 

ni ciudad más adecuada

 

que esta tierra requemada,

 

para llenarla de vicio.

 

Se mueve en todas las plazas

 

ajustando bien el paso

 

y entre un vaso y otro vaso

 

es el rey de las terrazas,

 

de los clubes, de los bares,

 

donde dispone y confunde,

 

muele, ríe, juega y tunde

 

con su perfume a lagares.

 

Lo persiguen las mujeres,

 

rindiendo su voluntad

 

y su alegre mocedad

 

a tan livianos placeres,

 

lo desean los varones,

 

que del inculto al letrado

 

se van al supermercado

 

para montar botellones,

 

donde todos en partida

 

haciendo corros y bulto

 

le rinden propicio culto

 

con abundante bebida.

 

Mas si poderoso es Baco,

 

y ha calado bien profundo,

 

no olvidemos al segundo,

 

que tiene por nombre Caco.

 

Lo muestra la autoridad

 

que ejerce sin miramientos

 

por todos los estamentos

 

de esta dichosa ciudad.

 

Hurta, roba, quita y miente,

 

y con tal desenvoltura

 

que no se hallará factura

 

en la que no esté presente.

 

Quien quisiera darle caza

 

para meterlo en el trullo

 

topará un adepto suyo

 

que se pondrá de carnaza,

 

y al final de la contienda,

 

escarmentado y burlado,

 

quedará Caco librado

 

y la falta sin enmienda.

 

No hay juez que se le resista,

 

ni hierro que no se rompa

 

voluntad que no corrompa

 

ni ladrón al que no asista,

 

y en el mundo, en conclusión,

 

de esta ciudad tan pequeña,

 

no habrá quien pueda dar seña

 

de uno que no sea ladrón.

 

Sin embargo, haya alegría

 

y olvidemos las querellas

 

con unas cuantas botellas

 

de cervecita bien fría,

 

que cuando las corrupciones

 

asfixien al ciudadano

 

ganaremos por la mano

 

montando unas elecciones

 

entre los dos inmortales,

 

pues como la vida es sueño,

 

nos importa poco el dueño

cuando los dos son iguales.

 

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